la actriz Magda Garcñía Arenal entre las dos hijas de la Lirina, personaje en el que está basada la obra / LUCIO POVES

ESTRENO EN LA SALA GUIRIGAI

Amalia y el rio...el verbo se hizo carne teatral y habitó en la escena

Agustín Iglesias mantiene integra la versión que de su vida hace Antonia al antropólogo y, a partir de ahí, 'el verbo se hace carne teatral', nace el personaje de Amalia -que es Antonia, la Lirina misma como señalaban tras el estreno dos de sus hijas que estuvieron presentes en la sala y que lloraban de emoción porque «hemos vuelto a ver a nuestra madre contándonos sus historias de aquella época».

Lucio Poves
LUCIO POVES

Este pasado viernes, 21 de enero, se estrenó en la Sala Guirigai de Los Santos de Maimona, la obra teatral 'Amalia y el rio'; la viva historia de Antonia 'La Lirina', una mujer contrabandista de Olivenza en plena época franquista, quien acabó viviendo en Barcelona, adonde emigró en la década de los sesenta, con sus ocho hijos.

El dramaturgo Agustín Iglesia, recoge el testimonio de la Lirina que encuentra, casualmente, en la tesis doctoral del profesor de Antropología Social de la Universidad de Extremadura Eusebio Medina García- presente en el estreno- quien documenta la historia de este fenómeno vital para la subsistencia en aquellos años de posguerra.

Cándido Gómez, Agustín Iglesias y Magda García Arenal al final del estreno / Lucio Poves

Agustín Iglesias mantiene integra la versión que de su vida hace Antonia al antropólogo y, a partir de ahí, 'el verbo se hace carne teatral', nace el personaje de Amalia -que es Antonia, la Lirina misma como señalaban tras el estreno dos de sus hijas que estuvieron presentes en la sala y que lloraban de emoción porque «hemos vuelto a ver a nuestra madre contándonos sus historias de aquella época».

El texto dramático de Iglesias no hace más que seguir el guión marcado por la Lirina- Amalia en la obra- , con expresiones propias del territorio en la frontera de España y Portugal. Una historia densa que, por su argumentarlo, es más propia de hombres estraperlistas, pero que en este caso trata de una mujer y de otras que le acompañaron en esa tarea de cruzar el rio, comprar y vender mercancía ante la vigilancia, siempre interesada, de guardiñas portugueses y guardas de asalto en la zona española. He ahí donde está la novedad del relato.

En unos años comprendidos entre 1942 y 1964, Iglesias construye un retazo vivo de las historias ocultas del contrabando, protagonizado por una mochilera y estraperlista durante la larga posguerra española en un espacio geográfico marcado por la línea fronteriza del río Guadiana que comprende Olivenza, Campo Maior, Elvas, Oliva de la Frontera, Villar del Rey, Villanueva del Fresno, Badajoz y Portugal.

La gran actriz, en plena madurez artística, Magda García Arenal hace el papelón de su vida, junto a Cándido Gómez, el 'hombre piedra' que representa a quienes se tuvo que enfrentar Amalia para sobrevivir. Realmente es un monologo de la gran actriz que arranca desde la estancia, ya en Barcelona, de Amalia para recordar, hablándole a los fardos que transportaba por el Guadiana desde bien joven o a la maleta de la emigración; interactuado con el bolso del ayer y del hoy, sorteando venturas y desventuras, enfrentándose al machismo de la época, al régimen represor. Un extraordinario ejercicio de interpretación de una actriz que se metió de tal manera en el papel de Amalia, que llevó la emoción máxima al público asistente. Una actuación llena de matices.

El actor Cándido Gómez, la secunda con soltura camaleónica para dar vida al señorito, al Guardiña, al Guardia Civil…A esa sociedad con la que Antonia, la Lirina , hubo de enfrentarse en su época para dar de comer a sus 8 hijos. Con pragmatismo, con valentía, sin miedo a las críticas, superando a delatores y a corruptos… Todo eso y mucho más hizo la oliventina para vivir y para que la dejaran vivir.

Amalia y el Rio no es más ni menos que una historia netamente extremeña, pegada al territorio, a la frontera con Portugal, que habla en extremeño y que pone en el centro el coraje de aquellas mujeres que sobrevivieron en un mundo de hombres; que no temieron las turbulentas aguas del Guadiana para demostrar que eran tan fuertes de carácter como los hombres a los que se tenían que enfrentar… ni al régimen que perseguía el estraperlo pero al mismo tiempo lo fomentaba en una España muerta de hambre.

La dramaturgia se adapta, punto por punto, a lo que Antonia la Lirina dejó grabado y que el historiador transcribió en su tesis. Palabra por palabra. Agustín iglesias ha puesto lo que necesitaba el texto para llevarlo al teatro y Magda y Cándido, la fuerza para que el público vibrara con el argumento. No hay dobleces, ni se evitan las críticas a una época, cercana en el tiempo, que nos la contaron nuestras madres y abuelas de manera parecida. Aparecen los personajes que vivieron en esa época, con sus grandezas y sus miserias. Un teatro que nace de una historia real que surgió en Extremadura y que tuvo en la mujer un punto de frescura. Una obra que, más allá de las fronteras de la región, ha de ser vista en el propio territorio donde ha nacido.

La música muy bien ambientada en la época narrada, con el pasodoble 'Campanera' como banda sonora, Sobrio escenario con lo necesario para una estraperlista: los fardos, la barca, la mochila…la maleta de la emigración y el bolso de los recuerdos.

Amalia y el río describe en una escenografía onírica donde se entrelazan presente y pasado, sueño y realidad, la comunidad invisible de las mujeres que se dedicaron al estraperlo, «veladas», según Agustín Iglesias «a la mirada escrutadora de la figura masculina, unidas por una sororidad fruto de la necesidad, la dignidad y el reconocimiento de encontrarse en el mismo territorio de la supervivencia».