La 'Sabineta' llega a su destino tras cinco años
Recompensa. Sabino se retiró como jugador ascendiendo a La Estrella a Tercera y lo devuelve a esa categoría un lustro después
Sabino se marchó de Los Santos de Maimona apenas salido del cascarón futbolístico a los 19 años con una meta ambiciosa, jugar en Primera. Y lo logró. En ese instante en el que se echaba el hatillo al hombro para labrarse un futuro, se cincelaba el anhelo nostálgico y romántico de colgar las botas en el club que le vio dar sus primeros pasos. Y también lo consiguió, cerrando el círculo a los 38. «Cuando me fui a jugar fuera, tuve claro que mi sueño era acabar mi carrera aquí, y encima fue con un ascenso», rememora. Tras un periplo brillante, devolvió a La Estrella a la categoría en la que militaba cuando se embarcó en su aventura hacia la élite.
Pero aún le quedaba un sueño por cumplir, dirigir a la 'Yeyi' como entrenador. En 2017, una campaña después de su retirada, el conjunto rojillo caía a Primera Extremeña y Sabino recogía el testigo de Lorenzo Montaño para devolverlo a Tercera de nuevo, pero esta vez cambiando sus goles por la pizarra. El pasado fin de semana, un lustro después de que asumiera el cargo, el conjunto santeño llegó a su ansiado destino superando la eliminatoria de campeones al doblegar al Montehermoso con un triunfo en casa (1-0), gracias al tanto de Samu, y tras aguantar el 0-0 en la vuelta.
La travesía ha sido larga, pedregosa y plagada de sinsabores. Años de nadar para morir en la orilla, de quedarse a un suspiro y de golpes crueles de un devenir que le deparaba un premio a la perseverancia. «El éxito es la punta del iceberg, pero debajo está la persistencia, el sacrificio, las decepciones, el trabajo duro, la dedicación, el fracaso... Todo eso queda ahí latente, aprendes y te hace más fuerte». Un porcentaje importante de la plantilla tiene esa lección forjada a fuego con precedentes muy vívidos. La tanda de penaltis perdida ante el Gévora, la goleada del Trujillo que en quince minutos hizo saltar por los aires todas las esperanzas de un año, el gol olímpico del Don Álvaro en la prórroga de las semifinales el curso pasado... «Les dijimos: 'Estamos cansados de veros llorar de tristeza, ahora os tenemos que ver llorar de alegría'».
«El 80% de la plantilla es gente de aquí que siente los colores porque los han vestido desde los 8 años»
El guion les tuvo preparado un sobresalto de última hora que despertó los fantasmas del pasado. El Montehermoso gozó de un penalti en el 87 que habría llevado el partido a tener que dirimirse en 30 minutos más de agonía o en el drama de los lanzamientos desde el punto fatídico. Pero emergió la figura de Vili, el meta eslovaco que voló para llevar a la Estrella al firmamento de Tercera RFEF con una parada para la historia. «Cayó cara, pero podía haber sido cruz. El fútbol nos debía una y ahí nos la ha devuelto, fue muy épico».
Atendiendo al formato de la competición, quedar líderes en la fase regular era prioritario y la lucha en el grupo 4 de Primera Extremeña fue encarnizada, en un mano a mano con el Fuente de Cantos, que aventajaba a los santeños en dos puntos en la jornada 18 (de 22). Sin embargo, los rojillos aprovecharon un tropiezo de sus rivales (3-3) ante el Usagre para igualarles y el duelo directo en el antepenúltimo encuentro del curso les permitió el 'sorpasso' definitivo (1-0). «Ese era nuestro tren, había que subirse cueste lo que cueste y ver a los chavales dejarse la vida por ello ha sido emocionante».
El buen rollo, la camaradería y la implicación del vestuario con su líder dio origen a la 'Sabineta', muy popular estos días en las redes sociales como remasterización de la 'Xavineta', en referencia al técnico del Barça. «El nombre era parecido y vino que ni pintado». Todo surgió con un montaje fotográfico que compartieron por un grupo de Whatsapp integrado por el plantel y el cuerpo técnico. La idea fue ingeniosa y en la celebración del ascenso dieron un paso más. «En el autobús modificaron la pantalla luminosa y pusieron 'Sabineta'. Me pidieron que me subiera, pero yo no había leído lo que ponía, ya luego sí, pero me metí en el papel. Con lo que hemos pasado, lo que hiciera falta», comenta con hilaridad.
La cantera, su gran pilar
La 'Yeyi' es el prototipo de club humilde hecho a sí mismo que sublima el factor humano y el trabajo abnegado como pilares innegociables, enfocándose en la cantera como agente catalizador por excelencia. «Es difícil encontrar equipos así alrededor en estas categorías. Hablo con entrenadores que me dicen que sienten envidia de lo que hacemos». El pueblo se ha identificado con esa filosofía y ese germen queda patente en el ambiente que impregna las calles de la localidad. «Los niños van con la equipación de La Estrella, la piden para cumpleaños y comuniones. El club está desbordado en estas fechas».
El 80% de la plantilla del primer equipo es gente de un pueblo que apenas supera los 8.000 habitantes. En total, unos 15 futbolistas «que sienten los colores porque los llevan vistiendo desde los 8, 9 y 10 años». Sabino asegura que aunque no pueden ofrecer un salario, varios jugadores de otras localidades han rechazado ofertas monetarias de otros clubes para ir a La Estrella atraídos por el grupo humano. «Ofrecemos mucho cariño y dedicación en el día a día».
Reconoce que aún no ha hablado de renovación con la directiva, pero lo tiene claro: «Es un desafío que me encantaría. Me han dado confianza estos años y hay muy buena relación. Soy socio desde que me fui a jugar fuera y sea de la manera que sea seguiré disfrutando de La Estrella y apoyando».